
Seguro que en los últimos tiempos has oído hablar sobre los diamantes creados en laboratorio (o sintéticos). La popularización de este producto ha revolucionado el mercado de la joyería y plantea una cuestión que intriga a propios y extraños: ¿podría ocurrir lo mismo con el oro? Si estás interesado en el mundo de los metales preciosos o tienes patrimonio invertido en ellos, la respuesta a este enigma te va a parecer fascinante.
Para entender si es posible fabricar oro artificial, lo primero es comprender una diferencia científica fundamental entre un diamante y el oro.
La diferencia clave: elementos frente a estructuras
Los diamantes de laboratorio se crean replicando las condiciones de altísima presión y temperatura que ocurren en el interior de la Tierra. Esto es posible porque el diamante no es más que carbono y los científicos tienen la capacidad de modificar su estructura molecular de forma comercialmente viable.
Con el oro la historia es completamente diferente porque crear este metal sólo es posible de una forma: mediante reacciones nucleares. Es decir, para crear oro es necesario alterar la estructura atómica de otros elementos añadiendo o quitando protones del núcleo de un átomo.
La respuesta de la ciencia: sí, pero con matices
Si nos ceñimos a la teoría científica, la respuesta es afirmativa. Los físicos han logrado crear oro en laboratorios de alta tecnología a través de un proceso llamado transmutación nuclear: una técnica que consiste en utilizar reactores nucleares o aceleradores de partículas para bombardear elementos como el mercurio o el platino con partículas de alta energía. Por inverosímil que parezca, al alterar el núcleo de estos materiales se consigue transformar sus átomos en átomos de oro.
Esto suena como el sueño hecho realidad de los antiguos alquimistas, pero la realidad práctica es muy distinta debido a varios factores limitantes:
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